Nick Cave y las malas hierbas

La visita de una leyenda como Nick Cave a Euskadi es toda una noticia por sí sola. Era la primera vez que lo hacía y la espera se hizo larga y las expectativas, como no, eran altas. Con un aforo rondando el sold-out, el Polideportivo de Anoeta congregó a alrededor de 2000 personas. Por este mítico estadio han pasado durante la época dorada musical de Donostia muchos otros grandes, ya que era el principal recinto de conciertos de Donostia y su sonido era un mito que algunos queríamos comprobar. Sin embargo, el jueves no llegó a convencer.

El concierto empezó a lo grande, con un Nick Cave enfurecido que no paró de moverse, de gesticular, de posar y de animar al público en todo momento. La potente Dig, Lazarous, Dig!! fue de las primeras canciones en aparecer en el setlist, que se centró en gran parte del tiempo en su último disco. El concierto se fue creciendo por momentos, aunque con muchos altibajos y no ayudó demasiado el sonido del polideportivo que retumbaba, creaba un eco por momentos molesto y que por los laterales se escuchaba bajo.

El transcurso del concierto podríamos resumirlo en 3 partes: La primera, que sirvió de toma de contacto con el público y que sonó algo floja, quizás influenciado por el principio de gira, ya que este era el segundo concierto de la larga lista. La segunda, en la que hizo un repaso por un repertorio que no hacía más que crecerse y en el que Nick Cave se sentía cada vez más a gusto, dirigiéndose al público en varias ocasiones. Y una parte final, con dos bises que terminó haciendo explotar a todos los allí presentes, lo que no consiguió antes en toda la noche.

Entre todo este número de canciones mencionadas hubo momentos memorables como la inclusión en la lista de temas como Tupelo, escrita como homenaje a Elvis. O el coreo de Oh Mama con un Nick Cave que parecía más un showman que el mito que es, pero que eso sí, consiguió, sin medio-sonreir ni un solo segundo, aguantar a un público que medio se conocía, o no, cuando tenía que repetir el estribillo.

Mientras tanto, en esa segunda parte del concierto cambió su vestuario para aparecer con una camiseta de Grinderman (su grupo paralelo) a la que besaba y que nos hizo pensar a más de uno si la conexión que este tiene con los otros músicos en el escenario será mejor que con los Bad Seeds, con los que se mostró frío, hizo callar un par de veces y no consiguió transmitir esa unidad de grupo en el público. Más bien lo que contemplamos fue a un mito posando, dirigiendo e interpretando su mejor papel acompañado de un grupo de músicos.

Entre las canciones más destacadas que sonaron en el velódromo estuvieron The Ship Song o Your funeral, my trial, canciones míticas del grupo, y un bis en la que tocó Wanted Man, resucitando así la colaboración de Bob Dylan con Johnny Cash.

Teniendo en cuenta ese final apoteósico, lo cierto es que todos salimos de allí con una sonrisa en la cara, sabiendo haber vivido un acontecimiento histórico y con ganas de más, de muchos más. Y ahora me pregunto si en realidad la idea de que fuera el Kursaal el que albergara este concierto no hubiera sido una decisión más acertada, ya que potencia hubo por momentos y las gradas estuvieron llenas.

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