La historia es simple ¿Qué pasa cuando la cordura puede estar rozando la locura? ¿Qué ocurre cuando no se sabe distinguir el bien del mal? De esta idea surge esta inquietante película, interpretada por unos actores sublimes como Ethan Hawke (en uno de sus mejores papeles) y Phillip Seymor Hoffman.
Un suceso originado por una idea descabellada es lo que da pie a todo un drama familiar con unas consecuencias fatales. Un suceso que lleva arrastrado tras de sí inseguridades, miedos, falta de confianza y un sentimiento de inferioridad de una mente que solo puede terminar tramando algo sin sentido. Podríamos hablar de un 11-S en una escala familiar, de un rencor creciente que explota de una forma fallida, de un miedo atroz a la vida. El problema es que cuando el diablo aparece, se lleva consigo a todo ser que se cruce en su camino, sea esta tu mujer o tu hermano.
Los hermanos Andy y Hank son los protagonistas de esta historia, los que apurados por problemas financieros originados por causas muy dispares, se sumergen en una idea que les dará acceso a un dinero fácil, sin aparentes riesgos, pero cuyos andamios se tambalean. Andy es un hombre con un poder financiero importante, con una mujer espectacular y un piso precioso que no tiene que privarse de lujos. Sin embargo, esconde un terrible secreto. Hank, en cambio, representaría la vida de cualquier ciudadano de a pie: hombre sencillo, noble, de alrededor de 36 años, divorciado y con una hija a la que debe pagar mensualmente la pensión alimenticia y a la que ama descomunalmente. En cambio, esta pensión le origina problemas financieros serios, ya que además tiene que pagar hipoteca, coche y vivir. Dos vidas muy diferentes nacidas en el seno de una misma familia, que poco tienen que envidiarse.
La historia narrada transcurre en apenas 2 semanas, contada en intervalos de varios días antes y después del suceso, que van reconstruyendo una idea que después hay que coser lentamente, sin dejar que la aguja nos roce el dedo. “Antes que el diablo sepa que estás muerto” es una historia delicada, de muchos matices, de complicados sentimientos, de miedos ocultos, de adicciones que llevan al sinsentido, de amores que destrozan vidas, de envidias jamás vencidas, de odios descomunales, de demonios desatados.
Y todo ello ocurre en apenas dos horas de largometraje, cuyo reparto no podía haber sido mejor escogido. Por un lado, Ethan Hawke está sublime y Phillip Seymor Hoffman interpreta un papel que le va como anillo al dedo, teniendo en cuenta el miedo que genera ya de por sí su rostro. También hay que mencionar el papel de Albert Finney, trabajando como siempre de una manera impecable.
Esta es una de esas película que te dejan marcada durante días, la que revives continuamente intentando atar comentarios, intentado interpretar gestos, errores. Y sobre todo recordando las interpretaciones.
4′5/ 5